Continuamente recibimos mensajes acerca de la sal y de los daños derivados
de ingerir más sal de lo recomendado sobre la salud. Daños que directamente iban
dirigidos al sistema cardiovascular por sus efectos en la retención de líquidos,
alterar la presión arterial, modificar la concentración de los iones que forman
la sal, Cloruro (Cl) de Sodio (Na), y el posible efecto del Na sobre mecanismos
específicos a nivel de membrana celular. ¿Pero
qué pasaría si todo lo que nos han estado diciendo acerca de la maldad de la sal y sus efectos
nocivos no fuera cierto? Durante
décadas, la sal ha sido presentada como un problema dietético muy importante
para la salud, sobre todo para el sistema cardiovascular ya que se ha estimado
que la ingesta abusiva de sal contribuía de forma directa en el desarrollo de
una de las patologías cardiovasculares más relevantes por sus repercusiones, la
Hipertensión Arterial. Hoy, la hipertensión arterial se ha
convertido en un auténtico problema de salud pública, ya que afecta al 30% de
la población, y es responsable de millones de muertes al año en nuestra
sociedad industrializada.
Lo
interesante es que diversos trabajos científicos no han podido encontrar una
relación directa entre la ingesta de sal y la hipertensión. Lo que si tenemos
es que las recomendaciones médicas, el Ministerio de Salud Publica, etc. dicen
que todas las personas que sufren de tensión arterial elevada deben de tener mucho
cuidado con la cantidad de sal que usan en las comidas. El ministerio de Salud Publica y los centros de
medicina preventiva también se hacen eco de esta recomendación y aconsejan, reducir
el consumo de sodio para combatir la presión arterial alta.
¿Pero están justificadas todas las advertencias que se han hecho con
respecto a la sal? En
los últimos años, una de las discusiones más encendidas de la medicina reside
sobre si el consumo de sodio (sal) contribuye o no a subir la presión
sanguínea. Y en este
aspecto cada vez están surgiendo mayor número de contradicciones y opiniones
procedentes de expertos científicos y nutricionistas que se están seriamente cuestionando
la importancia real de las advertencias realizadas sobre el consumo de sal y la
salud. Y es que el bombardeo producido en relación a los efectos nocivos de la
sal sobre la salud ha marcado en la cultura convencional una relación causa
efecto.
Pero la realidad no parece ser lo que hasta ahora
hemos creído, incluso si la eliminación de la sal disminuyera la presión
arterial, en opinión de de los expertos
en este área, los efectos serian tan pequeños que su impacto en los riesgos
cardiovasculares no sería relevante. ¿Entonces qué es lo que sabemos? Las Investigaciones
más recientes indican que la sal ha sido injustamente despreciada ya que las
advertencias no parecían estar suficientemente respaldadas científicamente, y
que hasta ahora la mayoría de las recomendaciones se han realizado de una forma
selectiva y con interpretaciones no objetivas. La idea de que la sal era la
causa de la hipertensión se generó como consecuencia de la hipótesis de que de
su causalidad se iba a poder demostrar sin ningún problema. Y esta idea se ha
mantenido en el tiempo de forma irrefutable, pero sin que la causalidad llegara
a demostrarse. En la actualidad es muy difícil
encontrar estudios que vinculen la ingesta elevada de sal a la hipertensión.
La verdadera razón de su etiología de la hipertensión radica
en la comida. Una estrategia más efectiva para reducir la hipertensión es comer
una dieta más saludable –es decir cortar
específicamente el consumo de carbohidratos refinados, azúcares y grasas saturadas; hacer más
ejercicio; y comer una comida balanceada rica en frutas y verduras.
La presión arterial se expresa en términos de la
presión "sistólica" sobre la presión "diastólica" y se mide
en milímetros de mercurio (mm / Hg). Por ejemplo, una lectura de 120/80 o
inferior es normal. Las personas con lecturas de 140/90 tienen una tensión en
el límite de lo normal, y por encima de 140/90
se define como presión arterial alta.
El sodio (uno de los componentes de la sal) es
importante para las funciones corporales, es bueno para los nervios y los
músculos, y mantiene el equilibrio adecuado de líquidos en el cuerpo. Las
directrices en cuanto a recomendación oscilan alrededor de 2.400 miligramos de
sodio al día, aproximadamente una cucharadita de sal de mesa. Y las personas
con presión arterial alta a menudo se aconsejan comer menos porque aunque no se
la causa si contribuye al balance de los líquidos y aumentar el volumen total,
por consiguiente puede contribuir a perjudicarla.
Antonio Martin, M.D.; Ph.D
Vitazahar