La luz solar es una fuente de vida extraordinariamente beneficiosa para el organismo. Aporta vitamina D, mejora la circulación sanguínea, protege de algunas infecciones y proporciona gran vitalidad. Además, la piel bronceada favorece la imagen, pero el precio a pagar por lucir esa tonalidad dorada es muy alto, si no se toman las recomendaciones adecuadas. Pues bien a pesar de que hoy tenemos un gran conocimiento sobre los efectos perjudiciales de tomar el sol durante largas horas y períodos no recomendados, la llegada del verano propicia descuidadas exposiciones a los rayos ultravioleta (UV) y sus posibles consecuencias en la piel. La exposición descontrolada a los rayos UV puede iniciar alteraciones inmediatas como irritación y enrojecimiento que suelen ir acompañadas de descamación, aumento del espesor de la piel, hasta la formación de ampollas y la aparición de arrugas. Bien sabido es que el enrojecimiento y ardor de la piel son las más leves de todas las consecuencias que una inadecuada exposición al sol puede producir. Con el tiempo aquellas personas que se exponen al sol sin los cuidados adecuados presentan cambios importantes en la piel y la progresiva aparición de un envejecimiento prematuro, manchas y arrugas. Las consecuencias más indeseables a largo plazo de tomar el sol están el cáncer de piel o melanoma. En algunos países industrializado como Estados Unidos, el cáncer de piel sigue siendo la causa número uno de muerte entre los jóvenes de 20 a 30 años. No se debe, y algunos especialistas prohíben tomar sol entre las 11 de la mañana y las 3 de la tarde, es más, los nuevos protocolos son aun más exigentes al respecto y aconsejan no exponerse entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde. De hecho algunos expertos indican que nacemos con un determinado capital solar que se debe de administrar a lo largo de la vida. La realidad es que la mayoría de la personas cuando cumplen los 25 años de edad ya han gastado el 85 por ciento de ese capital. Por eso, es importantísimo tener cuidado desde la infancia y aprovecharse de los beneficios del sol de forma inteligente; cualquier quemadura en los primeros años de vida queda grabada en la memoria de la piel, sin poder dar marcha atrás. Pues bien, a pesar de los consejos continuos de los dermatólogos, la alerta en los medios de comunicación y del hincapié que el departamento te salud publica constantemente hacen, sólo seis de cada diez personas se protege del sol debidamente; casi el cincuenta por ciento de las personas que toma el sol prefieren lucir un tono dorado en la piel, en lugar de lucir una piel sana, rebosante de salud. Debemos cuidar la piel todo el año, pero el verano es la época que requiere de nosotros una mayor atención, que seamos precavidos en como tomamos el sol. Sólo la prudencia y el uso de los factores de protección nos permitirán disfrutar de los maravillosos beneficios del sol sin dañar la piel. Los dermatólogos advierten de que si su piel presenta algún problema o ha sufrido previamente los efectos de repetidas exposiciones sin adecuada protección que la primera barrera para protegerse del sol debería ser no tomarlo. En cuanto a la protección adecuada, usar factores menores a 20 es lo mismo que no usar nada. Aunque se esté moreno es recomendable seguir usando un protector alto. Además es recomendado ponerse mínimo se debe de usar una protección 15, cada dos horas, ya que cuando la piel se moja o traspira, la protección disminuye o desaparece. También es recomendable tomar comprimidos de beta caroteno por boca para fortalecer la piel y frenar los efectos indeseables del sol y disminuir las posibles lesiones. Sobre la utilización de las cremas existe un enorme desconocimiento de como se deben usar, ya que se deben poner al menos media hora antes de tomar el sol, repetir las aplicaciones a intervalos de 2 horas, sobre todo si se está en contacto con el agua y, en general, no usar las cremas del año anterior. También se debe aplicar producto en la planta de los pies y las palmas de las manos. Como muy bien todos sabemos por experiencia el primer síntoma de alarma es el enrojecimiento de la piel, pero cuando éste se produce, el daño cutáneo ya está hecho, por lo que es aconsejable NO exponerse más de 20 minutos al sol sin la protección adecuada para nunca llegar a sufrir una quemadura solar. También es importante saber que el sol puede causar un daño inmunológico, en general desconocido por el público, por el cual perdemos las células inmunitarias que hay en nuestra piel y somos más propensos a contraer enfermedades dermatológicas y cáncer de piel. La recomendación es hacer uso de la máxima protección posible. La utilización de estos protectores no significa que no nos vayamos a broncear, sino que lo haremos más despacio y de forma más segura. Dicha protección es aun más imprescindible en niños y en personas mayores, ya que tienen la piel más frágil.
Antonio Martin Pastor, M.D.; PhD.